El reconocido “Padre Pistolas”, Alfredo Gallegos Lara, ha causado revuelo recientemente al abrirse sobre aspectos de su vida personal, desafiando las normas de la Iglesia Católica y confirmando lo que muchos sospechaban. A casi 80 años, este sacerdote, famoso por su valentía al enfrentarse a narcotraficantes y políticos corruptos, ha admitido haber tenido relaciones amorosas a lo largo de su vida, incluyendo la revelación de que tiene un hijo, lo que ha generado tanto admiración como controversia.
Originario de Michoacán, Alfredo creció en un entorno humilde que lo formó en valores de lucha y solidaridad. Desde joven mostró una vocación que lo llevó al seminario, donde comenzó a cuestionar las contradicciones del clero y a desarrollar un estilo de vida que lo posicionó como un defensor de los más necesitados. Su fama creció al convertirse en un sacerdote armado, símbolo de protección en una región azotada por la violencia del narcotráfico.
A lo largo de su carrera, el Padre Pistolas no ha dudado en criticar la hipocresía de la Iglesia, denunciando la distancia entre el clero y los pobres. En sus declaraciones, ha afirmado que hay más criminales en el Vaticano que en las calles, y ha defendido la idea de que el amor humano no está reñido con la fe. Su postura sobre el celibato y la hipocresía dentro de la institución ha resonado con muchos, convirtiéndolo en una figura de referencia para quienes buscan un cambio en la Iglesia.
Hoy en día, aunque su salud ha decaído y realiza menos actividades, continúa siendo un pilar en su comunidad. Vive en una casa modesta, rodeado de historias de su vida y de su misión. Con su característico sombrero y una pistola aún en su cintura, el Padre Pistolas sigue sirviendo a su gente, manteniendo abiertas las puertas de su hogar para aquellos que necesitan orientación y apoyo. Su vida ha sido un testimonio de lucha y compromiso, y su legado como defensor de los derechos de los más vulnerables perdura en el corazón de muchos.