Una celebración de Año Nuevo se tornó en tragedia en Argentina cuando Lara Valentina Fernández, una joven de 17 años, fue asesinada a manos de delincuentes en un robo. La madrugada del 1 de enero de 2022, Lara, que disfrutaba de la fiesta con amigos, fue atacada por cuatro hombres armados que irrumpieron en la plaza donde se encontraban. En un instante de terror, recibió un culatazo y un disparo que acabó con su vida, dejando a su madre, María Laura Fernández, devastada y sin respuestas.
El autor del disparo, un menor apodado “Martincito”, no enfrentó juicio debido a las leyes argentinas que protegen a los menores, lo que ha generado una ola de indignación en el país. “No hay condena para el hecho de mi hija”, lamentó Laura, quien ha luchado incansablemente por justicia desde la muerte de su hija. La tragedia resonó en la comunidad, que se unió para exigir un cambio en las leyes que permiten que delincuentes menores de edad eviten la responsabilidad penal.
Las investigaciones han llevado a la captura de varios miembros de la banda, pero la angustia persiste. Martincito, conocido por su historial delictivo, fue arrestado en múltiples ocasiones, pero siempre escapaba de la justicia. En un giro escalofriante, se fugó nuevamente en enero de 2024, lo que intensificó el clamor público por una reforma legal que impida que jóvenes peligrosos sigan en las calles.
Finalmente, tras casi tres años de espera, los culpables del asesinato de Lara fueron condenados a más de 20 años de prisión, pero Laura sigue sintiendo que la justicia no fue suficiente. “Espero que antes de que Martincito salga, haya un cambio en las leyes”, afirmó, reflejando la desesperación de muchas familias que claman por un sistema que proteja a la sociedad de quienes han cruzado la línea del crimen. La historia de Lara es un llamado urgente a la acción, un recordatorio de que la seguridad y la justicia deben ser prioridades en la lucha contra la delincuencia juvenil.