Un crimen atroz ha sacudido a Costa Rica: Julieta Fernández Calderón, una exoficial de policía, fue asesinada brutalmente y sus restos incinerados y desechados en una finca. Su hijo, devastado, ha compartido detalles desgarradores sobre la desaparición de su madre, quien se encontraba en el apogeo de su vida tras superar un cáncer y disfrutar de su jubilación.
La tragedia comenzó el 31 de mayo, cuando Julieta regresó a su hogar en Dota. Su hijo, al notar errores inusuales en los mensajes que intercambiaba con ella, presentó una denuncia de desaparición el 11 de julio. La búsqueda culminó el 14 de julio, cuando las autoridades encontraron solo una cabeza y una mano entre los escombros de la finca. El principal sospechoso, Jeremías Martínez Fallas, un joven que había trabajado en la propiedad de Julieta, se entregó a la policía tras sentirse acorralado por la cobertura mediática.
Los investigadores creen que Martínez, quien había desarrollado una relación amistosa con Julieta a través de su trabajo, la asesinó para apoderarse de sus bienes. Testigos han señalado que su comportamiento era extraño y que había manifestado deseos violentos en el pasado. La comunidad, que había visto a Julieta como una figura solidaria, ahora se enfrenta a la brutal realidad de su muerte.
El caso ha generado un clamor por justicia, y su hijo ha fundado el “Código Juli”, una iniciativa para prevenir desapariciones y fomentar la comunicación entre amigos y familiares. Con el sospechoso en prisión preventiva, la familia de Julieta espera que se haga justicia y que su memoria sea honrada. La muerte de esta valiente mujer ha dejado una huella imborrable en su comunidad, que ahora lucha por la verdad y la justicia en medio de un clima de creciente violencia en el país.